Coaching personal para ejercitar la genialidad en uno mismo.

Muchas veces cuando leo artículos de otros colegas me siento animada indirectamente a escribir más en profundidad a cerca de la práctica profesional que me ocupa, siendo  ésta el coaching  basado en la PNL y otras disciplinas (las cuales proceden de mi práctica profesional anterior: directiva en agencias de publicidad, investigación de  mercados y desarrollo de estrategias marketing-publicitarias).
Hubo un tiempo en que florecieron los expertos en PNL, ahora le toca al coaching, y de repente hay  “cientos de expertos”, personas que con mejor o peor (ganar dinero) intención ofrecen “soluciones milagrosas” en  dosis de sesiones. Nada más lejos de la realidad.  Unos y otros basan la bondad de sus métodos y resultados en ellos mismos, esto es, en el profesional del método no diciendo nada del “paciente”. Ningún mérito ni   responsabilidad alguna parece recaer sobre el paciente o áquel/la que acude a la consulta de un profesional del sector que sea en busca de una solución a sus males. Cuando  lo primero que le digo yo a la gente que  acude a mi consulta es que sin su colaboración y voluntad yo no podré hacer nada, pues por mejor “entrenadora que yo sea, el  que tiene que tirarse a la piscine y aprender a nadar es el otro”, utilizando un símil que  todos pueden asimilar. Nada ni nadie puede hacer nada por nosotros si  nosotros no hacemos nuestra parte. Y, entre nuestras obligaciones o responsabilidades está el darnos cuenta o tratar de averiguar si esa persona  está capacitada o  no, esto es, es competente en grado suficiente como para ocuparse de nuestro caso.
Cuando me preguntan qué es el coaching, respondo que en mi caso se trata de  “enseñarle a la gente a pensar por  sí misma”. Y, pareciendo esto banal y solo referido al área intelectual de la persona, nada más lejos de la realidad: aprender a  pensar significa entre otras cosas aprender a disociarse de los acontecimientos,  ideas, cosas, personas, emociones, conductas y creencias para poderlas evaluar desde  una perspectiva desapegada que contiene suficiente espacio como para “ver, observar, sentir” lo qué se produce en nosotros y es  nuestro frente a lo qué pueda  provocar en nosotros “el otro, lo otro”. Una disociación nos conduce al referente interno, siendo ahí donde reside la realidad de nosotros mismos y tal y como la  experimentamos. He  visto a muchas personas “asociarse” con las opiniones, ideas, creenciasy posturas de otras personas sin acertar a darse cuenta ni tan siquiera a  haberse planteado mínimamente ni por asomo si eso era conveniente para  ellos, si eso se ajustaba a su escala de valores, si era o no prejudicial o beneficioso para  ellos, o si, en última instancia, querían adoptar tal o cual postura, opinion o lo qué fuese.
Si usted “cree  ciegamente” en algo o alguien, si es de los que se  fía de lo qué le dicen los demás, si vive su vida basándose en la “referencia externa” (lo qué piensan otros, cómo viven otros, lo qué hacen otros) sin disociarse,   sin filtrarlo por su propia personalidad, escala de valores, creencias y alma, a buen seguro que no se apercibirá de cuando alguien “se la esté dando con queso”, esto es,  le esté engañando. No dejo de asombrarme,  sinceramente, de la ceguera, tal vez basada en que uno no quiere asumir la responsabilidad de la libertad de decider,  opinar y actuar, que muchas personas exhiben. Se me hace harto difícil entender como una persona  adulta puede aceptar que una esteticien, por poner un ejemplo, pueda  ser una buena profesional de la PNL, simplemente porque dicha esteticien le haga cree que “una cosa incluye a la otra” (la gimnasia y la magnesia  no tienen nada en  común, excepto la fonética…) Obviamente, dicha persona podría haberse formado en PNL (pero, ¿con quién? ¿Qué método, esto es, de qué PNL estaríamos hablando? ¿Se leyó unos  libros de PNL, hizo un  pseudo cursillo de PNL con un pseudo entrenador de PNL? ¿Está psicoanalizada esa persona? ¿Cómo y por qué llegó a la PNL y/o Coaching?)  Desafortunadamente muchas personas acaban por opinar que “la PNL no funciona.”  No me extraña que opinen esto, pero lo que no les funciona es su capacidad de la  discriminación, del discernimiento, del más básico análisis, la PNL como disciplina no funciona ni deja de funcionar, depende del  vehículo (el profesional).
Animo  a la gente a que practique el coaching personal, esto es, a que se conviertan en una suerte de asesor personal para ellos mismos, animándose a pensar, a disociarse de  la  situaciones para así poder reflexionar. Asumir la responsabilidad de vivir es algo que no todos están dispuestos a hacer, pero si uno no asume que sanar,  evolucionar, aprender, conseguir una meta, etc., pasa por un  esfuerzo personal, una implicación, un compromise, sacrificios varios y tiempo, paciencia,  perseverancia, fe y perssitencia… seríamos siempre presa de los pseudoprofesionales del mundo que prometen “soluciones  milagrosas sin implicación de responsabilidad  por parte del paciente o aprendiz de la vida.” La próxima vez que quiera sanar algo en usted, pregúntese si está dispuesto a compormeterse consigo mismo. Recuerde  que  “no se pasa de cero a cien en cinco segundos”, eso solamente sucede en los spots publicitarios de coches, ni tan siquiera en la realidad real es posible acelerar  de cero a cien en cinco segundos, excepto que esté  usted en una autopista y en inmejorables condiciones, y contando, obviamente, con que lleve un coche de carreras,  tal vez un Ferrari. “No se la dé con queso usted a sím mismo.” Nadie nos engaña si nosotros no lo  propiciamos. Dicen que el agua y la estima encuentra su nivel. Por  consiguiente, si usted acude a terapeutas que no le proponen arremangarse, que como toda solución le dicen que “usted tienen cualidades maravillosas  y que ha de  escribir pues tiene mucho que contar”, si en vez de recomendarle una terapia de verdad le animan a “echarse las cartas” como toda solución para sus males, o a darse  sesiones de Reiki -yo misma soy  maestra de Reiki, y no obstante, le cuento a la gente que el “reiki” no le hace los deberes a nadie, que si uno ha de aprender tal o  cual cosa, modificar tal o cual conducta, etc., así habrá de hacerlo. No espere  que dándose/recibiendo sesiones de reiki lo va a solucionar, porque uno ha de hacer  sus propios deberes, y el reiki proporciona “luz, energía, ánimos, motivación…” pero nunca nos hace los deberes-. Olvídese de  encontrar a un buen profesional serio y  competente si usted no asume la responsabilidad sobre su propia vida. Suelo poner como ejemplo el ballet para explicar que si uno estuviese hacienda una audición  para  contratar a bailarines profesionales para su propia compañía de ballet, lo qué haría sería pedirles que bailasen una determinada pieza para poder así mostrar  con su movimiento su grado de profesionalidad. A ningún  profesional-director de una compañía de ballet se le ocurriría contratar a nadie sin haberle pedido que le  mostrase “la patita por debajo de  la puerta”, ni tampoco contrataría como primera figura a nadie que  no levantase la pierna más de 10 centímetros. Si eso, le  parece sensato y cabal, ¿cómo es que contrata para solucionar problemas del alma, de la suya, a personas que no saben ni dónde está la suya ni pretenden  saberlo,  esto es, que no caminan lo que hablan? Recuerde: “el agua y la estima encuentran su nivel.” Hay mucha gente que se autocalifica de spiritual simplemente porque les gustan  las piedras (los cuarzos), hacen  Yoga, practican Reiki o Tai Chi, excluyendo a los que se dedican al aerobic, a correr, a bailar salsa o ballet clásico… ¡esos no son  espirituales! Pregúntese a sí mismo qué entiende usted por espiritual. Atrévase a  confeccionarse sus propias opiniones y mapa de la realidad. Su vida es suya y usted  tiene derecho a vivirla como mejor le plazca, por ello, vívala con responsabilidad, asuma tanto sus derechos como sus obligaciones.  Si solo assume sus derechos caerá  en el síndrome de la víctima, esto es, la persona que espera que los demás le resuelvan las cosas, o le faciliten lo que necesita en cada momento, pues ella, al carecer  de  responsabilidades y obligaciones, no tiene por qué asumir la responsabilidad sobre nada razón por la cual deja en manos de los demás el que “le solucionen esto o  lo otro”. Nadie nos engaña si nosotros no se lo  permitimos. “Nadie nos regala duros a cuatro pesetas”, solía decir mi abuela.
Sea su propio mentor, coach,  esponsorizador, maestro y desde ahí podrá contratar verdaderos y honestos profesionales de cualquier  disciplina, porque haberlos haylos, como las meigas. Los mejores  profesionales no “se dan bombo y platillo”, simplemente son, y no prometen el cielo (en el pueblo de mi abuela había un cura, años 50, que “vendía  parcelas del  cielo” a los feligreses de la parroquia).
Si usted se decide a ejercitar sus capacidades maravillosas de análisis, discernimiento, sentido común, responsabilidad, amor,  esfuerzo y alma, a buen seguro  que sabrá distinguir lo falso de lo bueno. Es como la metáfora de la piedra preciosa. Se la cuento.
La metáfora-cuento: Érase una  vez una gran maestra a la que un aprendiz de maestro acusaba de charlatanería y  psicología baratas. Ante tales acusaciones, la gran maestra, como única respuesta,  rebuscó en sus bolsillos y sacó una bolsita de tela de cual extrajo una piedra preciosa. Entregándosela al aprendiz de maestro, le  dijo: “Ve a aquellos bazares, y  pide que te ofrezcan cien monedas de oro por ella.” El aprendiz de maestro fue a los bazares y, enseñando la piedra preciosa, pidió que le dieran cien monedas de oro por  ella. Los  comerciantes se rieron ante semejante osadía. El aprendiz de maestro regresó junto a la gran maestra, y le relató lo qué había sucedido. La gran maestra le  comentó: “Ahora ve a aquella joyería de la esquina y  muestra la piedra.” El aprendiz de maestro fue, y al enseñársela al joyero, éste, sin darle tiempo a nada, le  ofreció cien monedas de oro. El aprendiz de maestro no salía de su asombro. Regresó rápidamente al lado  de la gran maestra para decirle que ella tenía razón: alguien  le había ofrecido cien monedas de oro por la piedra.
La gran maestra le respondió: “Para poder apreciar una piedra preciosa, hay que ser joyero. Sólo  cuando seas  un joyero podrás mis palabras apreciar.”

Ya sabe, sólo un joyero distingue diamantes. Por consiguiente, si usted se considera joya, querrá un profesional joyero  para que le ayude a evolucionar.  Como puede ver, para ser “coacheado” por otro, primero ha de aprender a “ser su propio coach”. En uno de mis libros (Cuentos de  hadas para aprender a vivir, RBA), enseño una manera –a través de 21 arquetipos de  hada/capacidades- de aprender a ser su propio y maravilloso coach.

© Rosetta Forner 4 diciembre 20003
Coach, entrenadora de PNL, escritora.
www.rosettaforner.com
email: rforner@attglobal.net

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