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La aventura humana del alma: claves para el cambio.
Al ser humano le queda aún mucha dicha por descubrir y atesorar en sus alas de luz. Si bien, sería más acertado decir que le falta aún mucho por reclamar. Reclamar sus
recursos interiores, aquellos que olvidó junto con la niñez, cuando le dijeron que “los Reyes Magos eran los padres”, y junto con la pérdida de la inocencia mágica perdió asimismo, la delicadeza del
alma, la naturalidad y la espontaneidad propias del alma. Los seres humanos se empecinan en compararse entre ellos, y por supuesto, siempre sale perdiendo el que ha iniciado la comparación. Da la
impresión de que pocos humanos aceptan su destino y se dedican a ser felices sin complicarse la vida, sin aspirar a poseer lo imposible y sobre todo, a poseerlo a costa de “prostituir su alma.” Es
como si sólo nos hubiesen enseñado a quejarnos, a lamentarnos, y a considerar la vida como una suerte de acontecimientos malos, nefastos y duros de tragar. Es como si no se hubiese dejado espacio a
la esperanza, ni a la posibilidad del milagro que produce el ser amables con nosotros mismos. Mi abuela (valenciana y dicharachera), solía decir: “no todos pueden vivir en la calle mayor”, con ello
quería explicar que la gente haría mucho mejor en contentarse –lo cual no es igual a resignarse tirando la toalla-, es decir, en apañarse en ser feliz con lo que tenía, y no dedicarse nunca a
medirse con el vecino –si este tenía más dinero, más coches, más algo, pues mejor para él-, pues ella solía añadir: “si tiene más dinero que yo y quiere cenar dos veces, pues que lo haga, que yo con una
me conformo.”
En el número anterior hablamos de la parte CREATIVA, de cómo acceder a ella, despertarla, ejercitarla y disfrutarla. Bien, en ese equipo del modelo PNL llamado “Estrategia Walt
Disney” (© Robert Dilts), existe un compañero de viaje “non grato” para muchos, a saber: el CRITICO. Pero es que un soñador sin un crítico se queda en soñador, es decir, nunca alcanza ninguno de sus
sueños, puede porque quizá nunca los ponga en práctica o porque lo haga pero sin fundamento, sin el fundamento analítico de la parte crítica. Existe un tercer miembro del equipo: la parte Realizadora
(Realist), cuya misión consiste en poner en práctica los sueños del Soñador, pues cree que todos sus sueños son posibles. Pero un Soñador y un Realizador sin un Crítico se convierten en una suerte de
departamento I+D, en la que se realizan muchos proyectos pero ninguno prospera pues no se sabe evaluar la calidad ni la viabilidad ni las posibilidades de éxito ni los obstáculos que podrán
encontrarse en el camino de la puesta en marcha de los proyectos.
A mucha gente la parte crítica se les antoja innecesaria, y la descartan, exilian, amordazan, odian, etc. Todo menos “aprender a amarla”. Nuestro Crítico interior tiene como
función prever posibles problemas y evitarlos, analizar lo qué falta –lo cual podría dar al traste con la consecución de la meta de no subsanarse-, evaluar viabilidades, hacer de abogado del diablo en
suma, para soñar y ponerse a verlo todo de color de rosa ya están los otros dos.
Recientemente se me ha ocurrido la idea de que quizá “odiamos” tanto a nuestro crítico interior porque tal vez no es nuestro, es decir, en nosotros vive una suerte de impostor
que ha secuestrado a nuestro auténtico, genuino y natural crítico, suplantándole a la perfección, tanto que le hemos tomado por bueno. ¿Cómo pudo ocurrir semejante cosa? Mi hipótesis se basa en la
observación empírica de muchos casos, incluido el mío propio, en el que el supuesto crítico genuino, no hace si no criticar sin denuedo, es decir, se dedica a machacar la estima y a llenarnos la
cabeza de anti-piropos. Por ejemplo, suele decir cosas como: “Eres estúpido por tener esa idea”, en vez de decir “esa idea no me gusta”. Se le conoce como crítico destructivo, saboteador, asesino, animus
herido (en la psicología jungiana), pero yo creo que no es el nuestro, no. Se trata más bien de la interiorización que hemos hecho de la imagen que de nosotros nos dieron nuestros progenitores,
maestros, o grupo social en el que crecimos: una realidad virtual de nosotros mismos que tomó la forma del crítico interior suplantando al auténtico y genuino que todos poseemos.
He observado que
en la medida en que he desmontado al falso, y el verdadero ha asomado, se oyen frase como: “haríamos bien en consultarle a la intuición, o hay que buscar más datos, hemos de negociar, puede que al final
no sea buena idea iniciar ese proyecto, pero tenemos que recabar mucha y buena información antes de decidir”. Es más, si un proyecto no sale adelante, lo que hace es evaluar por qué pudo ocurrir
teniendo en cuenta muchas y variadas variables, es decir, no se ciñe al socorrido “eres un desastre, a ti –mi- todo te –me- sale mal” (sentencia bastante habitual de un crítico saboteador de la estima,
todo un terrorista psicológico.)
EJERCICIO PRACTICO:
Desmontando al crítico falso y devolviéndole la dignidad al verdadero (extractodel libro de Rosetta Forner PNL PARA TODOS LOS
PÚBLICOS, de próxima publicación):
Los dos principios que resultan más efectivos para habérselas con un crítico son, a saber:
(1) encontrar la intención positiva existente detrás de la crítica, y (2) convertir las críticas en preguntas. A continuación se dan ejemplos de cómo puede hacerse esto:
- ¿Cuál es tu crítica u objeción?
- ¿Cuál es la intención positiva que esconde la crítica?
- Asumiendo que esto es la cuestión, ¿cuál es la crítica?
- ¿Cuál es la pregunta COMO que acompaña a esta pregunta?
Practique primero con usted mismo. Escoja un tema o área en el que le gustaría manifestar nuevos valores, criterios o creencias, y asuma la posición del
Crítico respecto de usted mismo. ¿Cuáles son las objeciones -en lo qué usted hace o respecto de sí mismo-, que se convierten en problemas? En última instancia, las críticas que formula el crítico tienen
como finalidad el comprobar si la propuesta es ecológica (le conviene, le es rentable, es respetuosa, mantiene la dignidad, etc.) o no. Un crítico eficiente realiza un análisis lógico de la
propuesta con el fin de prever si algo puede salir mal, pues trata de evitarlo. La fase crítica tiene que ver con el pasado y el futuro, ya que escarba buscando los potenciales problemas que pueden
derivarse tanto de acciones (o no-acciones) del pasado como del futuro. Se centra en el “¿por qué?” de nuestras acciones.
Para realizar este ejercicio asuma la fisiología asociada al crítico, a
saber: postura angular, ojos y cabeza ligeramente ladeados, y una mano frota la barbilla o el rostro.
La estrategia del crítico consiste en tratar de evitar problemas mediante la previsión, es decir,
asumir diferentes perspectivas que le lleven a encontrar, a prever o detectar posibles fallos, potenciales problemas: el crítico es muy previsor, mejor dicho es un “previsor del futuro-activo en el
presente” que trata de no dejar ningún cabo suelto.
Una vez haya convertido las críticas, o las pegas, en preguntas sería aconsejable que diese respuesta a las mismas desde la posición de soñador y de
realizador (así obtendrá las respuestas apropiadas).
© Rosetta Forner
Publicado en la revista MASAJE, nº Enero de 2002
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